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Anatomía del Silencio #4

Vino del sur
y se extendió plácido como una manta blanca
Como una página olvidada
Y nunca escrita
E hizo temblar a las viejas
E hizo bailar a las tortugas
Y todos en el valle no recordaron
Aquella fábula de tiempos inmemoriales
Que hablaba de la Nada,
-sin dar nombres por si acaso-
la Nada amaneciente como un sol naranja
sobre el océano
sobre la noche
sobre las horas del tiempo antiguo de las horas
y los monasterios
y los segundos…
la Nada tremolante sobre el filo de las nubes
la Nada crepitando en el brillo de la aurora
la Nada vertebral innominada
la Nada victoriosa
cero póstumo
nido vertebral de la muerte
pequeña nada
aguaviva
luminosa

Y nadie pudo referirla a los niños
Y nadie pudo compartirla con su perro
Porque nadie podía decir nada

Anatomía del Silencio #1

Dijo el oso:
- Se fue la guerra…
Y el valle amaneció desorientado
sin troncos de cadáveres humeantes,
ni madres angustiadas,
ni niños mutilados,
ni gangrenas,
ni oscuros vaticinios de profetas.

Y entonces la cigüeña:
- No está –dijo- he volado al sur y al norte y al ocaso,
no hay vestigios, ni vísceras, ni estatuas,
no hay rastros de guerreros insensatos,
ni brazos apuntando hacia algún lado,
no cruza el horizonte la luz de una batalla,
ni se rompen las lanzas al contacto de la carne,
ni las granadas entonan silbando su canción ronca,
ni los pastores lamen las heridas de sus cabras.

Todos callaron entonces y no hablaron,
ni siquiera
dijeron algo pertinente.
Y entonces cundió el pánico en el valle.
Porque nadie dijo nada
nadie podía quejarse de nada
nada había para decir.
Atónitos, mudos, comprendieron
que había llegado el silencio…

24 de marzo de 2016

Hay días en que, pobre de mí, tengo raptos de esperanza
y pienso entonces que hubo
una mitad que sí
una mitad que no
una mitad que colma la plaza
otra mitad que no sale de casa
una mitad que lucha
otra mitad que ha dejado de luchar
una mitad que pregunta ¿por qué?
o que grita ¡No es así!
otra Mitad que se ofusca si alguien grita
si alguien se atreve a levantar la voz.
hay días como hoy en que pienso que los primeros
fuimos muchos menos alguna vez
que hoy somos la mitad.
Y entonces tengo raptos de esperanza.
Pese a la otra mitad.

Para Luisa

No fue el concierto número dos de Rachmaninoff
opus nosecuantos para piano y cuarenta y cuatro manos

Ni las obras completas de Beethoven

Ni el último capricho de Paganini
tocado por Paganini en el infierno
con una cuerda sola.

Lo que apagó la música
Del mundo fue su risa

Su pequeña risa
Su primera risa

Historia del niño que hizo una mueca

Historia del niño que hizo una mueca
Un gesto feo, una cara rara
El viento sopló cuando no debía
Y ASÍ ¿Ya ves? le quedó la cara...

Historia triste si es que las hubo:
Quedó tan feo como una rata
Su madre al verlo murió del susto
Su padre al verlo estiró la pata...

Gritaron sus hermanas y del grito
Murió una tía que estaba mala
Murió una monja que andaba cerca
Y estallaron los vidrios de la sala.

Tropezó el bisabuelo con la pata
Que el padre había estirado en la escalera.
Cayó rodando: se rompió tres brazos
Pasó un tractor y lo aplastó en la acera.

A patadas lo echaron de su casa
A patadas le gritaron ¡Vete afuera!
¡Que tu rostro hace aullar al Tío Alberto!
¡Que le dan urticarias a la abuela!

Durmió en una jaula del zoológico
Por un tiempo y la vida fue sencilla
Mas no duró: los pobres animales
Por las noches tenían pesadillas.

Buscó trabajo en un viejo circo
Y en un teatro, más fue un fracaso
Al verlo el público moría de miedo
Y en lágrimas rompían los payasos.

Un periodista le hizo una foto
Y algún bromista en primera plana
La publicó: una epidemia de suicidios
Sacudió la capital esa semana.

Al final lo sacaron a empujones
De la ciudad gritándole improperios
Tan larga era la lista de los muertos
Que ya no daba abasto el cementerio.

El niño, triste, se hizo una bolsa
De cuero negro y con eso andaba
Doblado y torpe, mudo y callado…
¡Nadie podía echárselo en cara!

Un día al borde de un precipicio
Gritole al viento que estaba harto
¡Quería de nuevo su antigua cara!
Y el viento ¡vaya! Le oyó en el acto.

Sopló una corriente misteriosa
Y en un segundo le cambió el semblante
Aunque el niño ya no era más un niño
Aún tenía la vida por delante.

Se casó, compró un perro y una vaca
Estudió para campeón de karate
Ganó un premio al mejor ascensorista
Dio dos vueltas al mundo con su yate.

En un abrir y cerrar de orejas
El tiempo vino y se fue en un segundo
La vida ya no le depara sustos
Su rostro es el más normal del mundo.

Aunque a veces de noche cuando llueve
Siente en la panza una cosa rara
El niño que ahora ya no es niño

¿Quién lo diría? ¡Extraña su otra cara!

Soneto con Romance

Dijo uno:

No soy mal tipo: Incluso lo respeto.
-Lo aborrezco quitándome el sombrero-
Maldecir, como cuadra a un caballero
Debe hacerse en la forma de un soneto.
¿Cuál improperio le echaré primero?
¿En cuántas lenguas le diré “¡Paleto!”,
“¡Mentecato!” o “¡Truhán!”? ¿Será discreto
desear que un burro le patee el trasero?
¡Que le crezca un tentáculo en la axila!
¡Que le cante en la oreja una soprano!
¡Que al ver en el quirofano a un gorila
Le aclaren que es el neurocirujano!
¡Que se pierda de amor por una anguila!
(Y que su padre no le de su mano).

Dijo el otro:

No se usted, pero yo creo
Más correcto en este trance
Responder sus vituperios
En la forma de un romance.
Y en octosílabos claros
Con cada rima asonante
De aquello que me desea
Desear que el doble lo alcance.
¡Que un torbellino de burros
le peguen hasta cansarse!
¡Que un pulpo entero le crezca
en el trasero al sentarse!
¡Que le griten en la oreja
Todo un coro de cantantes
Con hipo y desafinados
Con catarro y principiantes!
¡Que el gorila al operarlo
Le provoque tal dislate
Que ya no sepa si es hombre,
Pulpo, gorila o cantante!
¡Que la anguila tenga novio!
¡Que al despedirlo su padre
Le de su mano en un frasco
Deseandole un muy buen viaje!

Dicho lo cual se tiraron las narices.
Cada cual a su turno y de parado
Y estrechándose la mano sin rencores
Se marcharon cada uno por su lado.

La muchacha se transforma

La muchacha se transforma en un zapato 
cuando el reloj da las doce. 

Cuando el reloj se transforma 
la muchacha da las doce. 

Y el zapato aplasta a la muchacha 
y el reloj se queda sin saber qué hacer.

Anatomía del Silencio #14

Al valle 
llegó un poeta. 
Cayó desde una altura considerable. 
Y se mató.  

Entonces llegó otro poeta 
-pues menester es continuar con esta historia- 
y éste llevaba paracaídas 
y una maleta llena de guantes 
que a nadie le quedaban. 
Y a todos les entró un odio terrible. 
Y echaban espuma por la boca.      
Y uno se disfrazó de burro. 

(En secreto las mujeres 
ansiaban encontrárselo de frente. 
Y los hombres de espalda 
pero nadie 
fue capaz de admitirlo frente al juez. 
Y en cambio se deshacían en insultos 
y hasta golpearon al juez 
y se comieron al burro). 

Como si fuera poco 
se supo que el poeta escribía 
un libro lleno de páginas en blanco 
sin una sola letra ni un sonido 
ni una gota de tinta en el margen.  

Y no estalló un escándalo 
de escasas repercusiones, 
poco ruido, 
nadie juró matar a nadie 
mas bien se quedaron en sus casas 
otra vez.  

Es que no había nada entre esas hojas… 
Ni un aliento de pájaro, ni un soplo.
Ni un leve murmullo persistente…

Atlas #6

Sobre el flanco de una nube 
el río se desliza. 

No fluye la tierra, ni el mar, 
ni el sereno vaivén de la espuma.

No fluye tu cabello, ni la mañana, 
ni el tiempo. 

Sólo el río fluye.
En este mundo. 

En este pobre seco mundo. 
Sólo el río fluye.